La ruta del Boquerón del Estena

Ruta del Boquerón del Estena desde la ermita. Ver diferencia de vegetación entre laderas derecha (solana) e izquierda (umbría).



Un viaje de millones de años por el corazón de Cabañeros

Hay rutas que se recuerdan por el paisaje, otras por el esfuerzo y otras por los lugares que permiten descubrir. La del Boquerón del Estena es diferente: mientras caminamos junto al río Estena estamos recorriendo también una parte extraordinaria de la historia de la Tierra.

A pocos minutos de La Fuente Gorda, el río se abre paso entre grandes formaciones de cuarcita y pizarra formando un estrecho desfiladero. El paisaje actual es el resultado de una historia geológica que comenzó hace cientos de millones de años, cuando esta zona de los Montes de Toledo estaba cubierta por el mar.

El propio nombre de Boquerón procede de boquera, en referencia al profundo estrechamiento excavado por el río Estena. A lo largo del recorrido pueden observarse formaciones geológicas, fósiles, vegetación característica de las riberas y umbrías y una interesante variedad de fauna.


Un antiguo mar en Navas de Estena

Para comprender el Boquerón hay que imaginar un paisaje muy diferente del actual.

Hace aproximadamente 450 millones de años, durante el Ordovícico, los Montes de Toledo se encontraban en el borde del antiguo continente Gondwana y esta zona estaba ocupada por un mar situado en latitudes próximas al polo sur. No existían bosques ni praderas como los que conocemos hoy: los sedimentos que se fueron acumulando en aquel fondo marino son los que, después de millones de años de transformaciones geológicas, encontramos actualmente convertidos en pizarras y cuarcitas.

En las pizarras de Navas de Estena se conservan numerosos fósiles que permiten reconstruir aquel ecosistema marino. Entre ellos aparecen trilobites, braquiópodos, bivalvos, moluscos y restos de organismos marinos que habitaron aquellos fondos.

Por eso caminar por el Boquerón no consiste únicamente en atravesar un bonito paisaje: es caminar atravesando los estratos depositados sobre el fondo de un mar desaparecido hace cientos de millones de años.


El río Estena y el desfiladero

La ruta parte de Navas de Estena y se adentra progresivamente en el Parque Nacional de Cabañeros. El paisaje cambia a medida que nos acercamos al río y aparecen las pizarras oscuras y las grandes formaciones de cuarcita que caracterizan el Boquerón.

El camino continúa junto al arroyo del Chorrillo hasta alcanzar el río Estena. A partir de aquí el desfiladero se hace cada vez más evidente. Las paredes de cuarcita, los afloramientos rocosos y la vegetación de las riberas crean un ambiente especialmente atractivo, muy diferente de los paisajes abiertos de la raña de Cabañeros.

Uno de los aspectos más interesantes del recorrido es que las rocas que vamos encontrando cuentan una historia. Los estratos se van haciendo progresivamente más antiguos y permiten reconstruir distintos episodios de aquel antiguo ambiente marino.


Las Torres del Estena y la vegetación relicta

Uno de los lugares más llamativos aparece al llegar a las llamadas Torres del Estena, donde la acción de una antigua falla y la erosión del río han contribuido a crear unas formaciones rocosas muy singulares. En sus paredes y alrededores crece una interesante flora rupícola, mientras que las laderas conservan una vegetación extraordinariamente variada.

La orientación de las laderas tiene aquí una importancia especial. La solana, mucho más expuesta al sol, presenta una vegetación adaptada a condiciones secas y cálidas. La umbría, en cambio, conserva mucha más humedad y unas condiciones que han permitido la supervivencia de especies propias de ambientes más fríos.

Entre ellas encontramos tejos, acebos, abedules y helechos reales, junto a robles, fresnos y otras especies. Son auténticos testimonios vivientes de épocas climáticas muy diferentes de la actual.

Es precisamente esta combinación de geología, agua, orientación de las laderas y vegetación la que convierte al Boquerón en un lugar tan especial.


El río, un refugio de fauna

El agua aporta además una dimensión diferente al recorrido.

En las proximidades del río pueden observarse galápagos, y con algo de suerte también alguna nutria. En sus aguas vive el jarabugo, un pequeño pez endémico de la península Ibérica, además de otros organismos acuáticos. Sobre las paredes y crestas rocosas pueden aparecer aves como el avión roquero, la golondrina dáurica o el águila real, mientras buitres negros y leonados sobrevuelan ocasionalmente las sierras.

Y todavía queda una de las sorpresas más extraordinarias del recorrido.


Las huellas de los gigantes del antiguo mar

En determinados estratos pueden encontrarse las huellas de la actividad de unos animales marinos que vivieron hace cientos de millones de años.

No se trata del fósil del animal, sino de las madrigueras que excavaba en el fondo marino. Algunas alcanzan varios metros de longitud y constituyen uno de los testimonios más singulares de la vida que existió en estos antiguos mares. Se trata de las huellas fósiles de gusanos marinos más antiguas de este tipo conocidas.

Es uno de esos detalles que pueden pasar completamente desapercibidos si recorremos el Boquerón simplemente como una ruta de senderismo.


El final del recorrido: una historia escrita en las rocas

En la parte final aparecen estratos que pasan de una disposición inclinada a otra prácticamente vertical. Nos encontramos ante la llamada discordancia toledánica, que permite observar el contacto entre materiales de diferentes momentos de la historia geológica.
Las rocas conservan incluso antiguas marcas de oleaje. Son pequeñas señales que nos permiten imaginar un mar poco profundo cubriendo esta misma tierra mucho antes de que existieran los Montes de Toledo tal como los conocemos hoy.

El recorrido se convierte así en una especie de viaje hacia atrás en el tiempo: desde los materiales más recientes del Ordovícico hasta los más antiguos del Cámbrico.

El resumen gráfico del significado geológico de la ruta es que, en poco más de un par de horas, podemos recorrer cómodamente en horizontal los estratos acumulados en vertical durante unos 100 millones de años de historia de la Tierra, uno a uno encima de los anteriores, cambiados luego de posición mediante plegamiento y posteriormente cortados por la erosión del río Estena durante unos cientos de millones de años más.


Una ruta para caminar despacio

Aunque el Boquerón puede disfrutarse simplemente como una ruta por un paisaje espectacular, merece mucho más la pena recorrerlo sin prisas y con los ojos atentos a lo que hay alrededor.

Una roca aparentemente normal puede ser un fósil; una pared puede explicar un proceso geológico ocurrido hace cientos de millones de años; un árbol puede ser el superviviente de una vegetación propia de climas mucho más fríos; y el río puede esconder especies que difícilmente veremos en otro lugar.

La ruta tiene aproximadamente 5,6 kilómetros de ida, comienza en el aparcamiento disuasorio de Navas de Estena y presenta algunos pasos sobre el río, por lo que no es apta para sillas de ruedas.

La información del recorrido destaca como principales atractivos la observación de flora relicta, geología, fauna acuática y las formaciones geomorfológicas del cañón, pedrizas y crestas cuarcíticas.


¿Libre o con guía?

La ruta puede realizarse por libre, pero hacerla acompañado por un guía especializado permite comprender mucho mejor lo que estamos viendo. y obtener una experiencia más enriquecedora. El Parque Nacional ofrece sus propias visitas guiadas gratuitas, por lo que conviene consultar previamente la información y las condiciones de reserva.


Enlaces



Galería de fotos

Camino hacia la entrada al Parque Nacional de Cabañeros, paralelo al arroyo del Chorrillo (a la izquierda abajo).
Entrada al Parque. Arriba, en el centro, los estratos de la margen derecha del Estena que se ven desde la ermita (a la derecha).
Puentecillo de entrada al Parque Nacional. A partir de aquí, el camino va por la orilla izquierda hasta el puente del Estena.
Es cuestión de opiniones, pero la ruta del Boquerón es más atractiva con “mal tiempo”, siempre que no haya riesgo de crecida.
Inicio del camino en el Parque, Chorrillo a la derecha. Agosto, vegetación achicharrada, pero estratos, verde y azul siguen ahí.
Estratos del Estena a nuestra izquierda. Cerro de la ermita a la derecha. A este lado, vegetación del Chorrillo fresca en agosto
Entrada del Estena en el Boquerón desde el Acebo (al fondo). A nuestro lado se le une el Chorrillo. Estamos en Las Torres.
Las Torres. En este punto el Chorrillo se une al Estena. Enfrente, el cerro de la ermita (arriba se ven los dos miradores).
Panel interpretativo del “risco tirapanes”. Desde él se arrojaba la comida al otro lado del río cuando el Estena iba crecido.
Puente sobre el Estena a mitad de la ruta. Desde aquí el camino transcurre por el margen derecho del Estena.
Puente sobre el río Estena a mitad de la ruta del Boquerón, en verano. Con lluvias intensas el agua suele sobrepasarlo.
Vegetación de ribera el el cauce del río Estena en el último tramo de la ruta del Boquerón, Parque Nacional de Cabañeros.
Subida al último tramo del camino desde el puente del Estena. Es la parte más interesante desde el punto de vista paleontológico
Río Estena desde el camino de la ruta del Boquerón del Estena, en el Parque Nacional de Cabañeros.
Panel interpretativo de la vegetación en el último tramo de la ruta del Boquerón del Estena, en el Parque Nacional de Cabañeros.
Discordancia Toledánica. Estratos a la derecha a 45º apoyados en anteriores verticales a la izquierda. Máximo interés geológico.
Panel interpretativo de paleontología en el lugar del descubrimiento de las galerías del los gusanos gigantes de esa época.
Fin de la ruta. El camino de corta por el vallado de una finca particular.
Vegetación de ribera el el cauce del río Estena al final de la ruta del Boquerón, Parque Nacional de Cabañeros.